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Terra
La Coctelera

Gatos callejeros...

gatos callejeros

La lluvia cae con fuerza esta noche sobrelos ocres tejados dando vida al musgo y yerbas que en ellos se crían, los relámpagos iluminan por unos instantesun cieloanubarradoy por unsegundo su blanca luz deja ver la silueta del gato... guarecido bajo unos aleros, esperando tranquilamente a que cese el aguacero, una gota resbala por sus bigotes, inmóvil, dormitando, guardando energías para después... tan sólo sus pequeñas orejas se mueven por instinto cuando truena la tormenta. Siempre me han llamado laatención estosgatos callejeros, despreocupados y noctámbulos, libresen su mundo de tejados y chimeneas, en busca de alguna presa... o de alguna felina compañera con la que hacer el amor furtivamente a la luz de la luna en las templadas noches de primavera. Ellos no son de nadie, han renunciado al calor del hogar, a la mano humana acariciadora, al sustento enlatado de carne muerta, son independientes y su estado de vida es, aunque cerca del hombre, salvaje.

Gatos callejeros...

La pérdida del Paraíso...

Muchas veces me he hecho esta pregunta... ¿fueron las personas alguna vez felices del todo?, ¿alguna vez el hombre como especie era inocente, pacífico?... yo creo que si, quiero pensar que hubo un tiempo, una época de nuestra corta pero vertiginosa presencia enLa Tierraen la que lo fuimos, en la que el ser humano vivía feliz ¿en el Paleolítico Superior quizás? ¿quién sabe?. Es más, siempre he pensado que el Paraíso, el Edén del que nos hablan las Escrituras existió... y era nuestro entorno natural, nuestro planeta, y si un día perdimos ese Paraíso debió ser justo en el momento en el que el hombre supo y tomó conciencia de si mismo y de que un día se iba a morir... de que al final la muerte lo esperaba. Hasta ese momento vivió como los pájaros, como cualquier otro ser vivo que poblaba la naturaleza, despreocupado, ufano, dichoso, ignorante en el buen sentido… sólo pensando en el momento, en saciar su sed cuando la tenía, su hambre… pero un día el hombre se hizo más inteligente y poco a poco empezó a trascender… y una noche descubrió horrorizado, comprendió lleno de angustia y de ansiedad su destino, sintió pena, desaliento y mucho miedo y a partir de ese instante su existencia quedó marcada y cambió para siempre… ¿quién no ha sentido alguna vez ese desaliento, ese miedo… ese vacío?, cuando los hombres tenemos esa sensación no hacemos más que rememorar aquel fatídico día en el que perdimos la inocencia, en el que perdimos el Paraíso.